Información patrocinada

Cinco pueblos indígenas de la Amazonia boliviana usan tecnología y puestos de control para autogobernarse y preservar su territorio

Los movimas, yuracarés, t’simanes, mojeño-trinitarios y mojeño-ignacianos conforman el Territorio Indígena Multiétnico, en Beni. Desde 2022 son autónomos y ahora trabajan en la organización de su gobierno y la conservación de sus recursos naturales.

Una carretera de ripio se extiende desde la salida de San Ignacio de Mojos, a 95 kilómetros de Trinidad (Beni), hasta Monte Grande del Apere, en el Territorio Indígena Multiétnico (TIM). El mapa muestra 88 kilómetros de trayecto, que dentro del minibús de Juan Bautista Zabala se traduce en casi dos horas de viaje, entre nubes de polvo, vegetación y una sensación térmica superior a los 40 grados centígrados.

Desde 2022, en este lugar, cinco pueblos —Mojeño-Trinitario, Mojeño-Ignaciano, Yuracaré, T’simane y Movima— conforman el Gobierno Indígena Autónomo (GIA-TIM), cuyos máximos representantes —cacique y asambleístas— fueron posesionados el pasado 10 de noviembre.

Se trata de la primera autonomía indígena territorial de las tierras bajas de Bolivia y la quinta que se ejerce en el país desde que, en 2009, la Constitución Política del Estado reconoció el derecho de estos pueblos a autogobernarse.

Es noviembre, verano pleno en esta parte del continente. En Monte Grande del Apere se encuentra la puerta de acceso al área de conservación del TIM llamada Loma Santa o lugar sin sufrimiento, “donde se vive en paz”, según la cosmovisión de los pueblos.

“Aquí hay animales, árboles, ríos. Es una tierra bonita, sin sufrimiento. Por eso se la denominó así: Loma Santa, una loma sin mal, donde vivían nuestros abuelos y sus padres”, cuenta Manuel Gualú, corregidor de Monte Grande. Así describe esta área de conservación, que ocupa 206.211 hectáreas de las más de 500.000 que tiene el TIM.

Paulo Majuguete, uno de los guardianes del bosque en San Salvador del Apere. / Foto: Pedro Laguna, ORE

Este territorio, que ya cuenta con su propio gobierno autónomo, está ubicado al oeste de Trinidad, capital del departamento de Beni. Sus márgenes comienzan a 14 kilómetros de la carretera que conecta San Ignacio de Mojos con San Borja, y se extienden hacia el sur, hasta limitar con el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure  (Tipnis). El 26 de noviembre de 2022, los corregidores de las 26 comunidades que lo conforman, en aplicación de sus propios sistemas de decisión, crearon el Área de Conservación Loma Santa.

La vida de los cinco pueblos del TIM es posible gracias a la caza, la pesca y los frutos que reciben de esta tierra, y en particular de esta región del territorio, donde la fauna se reproduce y nacen las aguas. Ellos lo saben y están conscientes de que la conservación depende de la vigilancia, y ésta, a su vez, de los “guardianes del bosque” que formaron para controlar el ingreso, salida y cualquier movimiento inusual en Loma Santa.

El río Apere, que pasa por San Salvador, territorio del TIM, en Beni. / Foto: Pedro Laguna, ORE

De abajo hacia arriba: un sistema de control y vigilancia con enfoque comunal

El Sistema de Control y Vigilancia del TIM es resultado del Plan de Gestión y Control Autónomo de los Recursos Naturales de la Subcentral de Cabildos Indigenales y la Subcentral de Mujeres Indígenas. Se comenzó a delinear en 2021 y se consolidó en 2023, con el acompañamiento de la Organización de Apoyo Legal y Social ORE,  

Entre el acceso al agua, la salud y la educación, que son asuntos de preocupación para el común de los pueblos de estas tierras, la preservación de su área de conservación se convirtió en un tema prioritario en el entendido de que no hay cultura sin naturaleza; ni naturaleza sin pueblos indígenas.

Una familia de los cinco pueblos indígenas que habitan en el TIM, en su paso por San José del Cavitu. / Foto: Pedro Laguna, ORE

«A los ĉocaityi’ därä judye ya’ jebacdye’ (voz en t’simane que se traduce como ‘el que está cuidado el bosque y los animales) los denominamos guardianes del bosque. Son los mismos cazadores de la comunidad; un grupo de cinco personas que cuando salen a cazar, aprovechan para darse una vuelta por el territorio. Ellos no ganan un sueldo, pero sustentan a la comunidad al traer la carne que intercambian o venden; salen a cazar y a rondar. Si ven algo raro, avisan al puestero», detalla el corregidor de Monte Grande.

La implementación de este sistema de control, con base en la comunidad, significó integrar a los pobladores en la vigilancia de su territorio, sin que esa tarea reste tiempo a sus actividades de cacería y sostén de sus pueblos. Esto se complementa con la entrada en funcionamiento de un puesto de control donde, con el apoyo del Programa NICFI de la cooperación noruega, se instaló internet satelital y una estación meteorológica que permite hacer seguimiento a las condiciones del clima, una herramienta que incluso hace posible informar a tiempo cuando hay emergencias como un incendio forestal.

La razón es que las amenazas que enfrenta todo el territorio tienen que ver con la extracción ilegal de madera, la cacería ilegal indiscriminada y los asentamientos irregulares.

Severiano Matenes, técnico de ORE, en el puesto de control de Monte Grande del Apere. / Foto: Pedro Laguna, ORE

«Esta área es para proteger, para mantener bien, para no contaminar, para que no se pierda. Nosotros siempre vamos a estar ahí para cuidarla de amenazas como la contaminación, los incendios, de las personas de otro lado que quieren ocupar, traspasar con una carretera, que nos quieren quitar el bosque», dice Soilo Canchi, asambleísta del pueblo T’simane.

El pasado 25 de agosto, en Monte Grande del Apere, fue inaugurado el primer puesto de control, que se vincula con las comunidades de Jorori, San Salvador, Naranjal y Piñal, que colindan con el Tipnis, territorio amenazado por la minería y los avasallamientos. De ahí que cada una de estas comunidades eligió a cinco cazadores (guardianes del bosque) para que, a la par de registrar sus cazas para la alimentación de su gente, reporten cualquier irregularidad.

Los indígenas del TIM dependen de la caza y se proveen de alimentos que encuentran en Loma Santa. / Foto: Pedro Laguna, ORE

“Los parientes (como les dicen en el TIM a los t’simanes) caminan un día y medio, dos días si es con sus niños, para salir desde Piñal, Naranjal o San Salvador del Apere”, cuenta don Juan Bautista, el conductor del transporte público.

Esa travesía se reduce a casi cuatro horas en motocicleta por un sendero para llegar desde Monte Grande hasta San Salvador del Apere, donde Julián Tayo Canchi se dedica a la caza para alimentar a su familia. Ahora, además, es un vigilante de la tierra que le provee sus alimentos.

La ruta que conduce a San Salvador del Apere, por donde sólo se puede transitar a pie o en motocicleta. / Foto: Pedro Laguna, ORE

“Nosotros estamos cuidando nuestro bosque de la gente que entra de otros lados. Cazamos para nuestro consumo, cazamos jochi, tropero, taitetú, anta… Al principio (llenar las planillas de registro de cacería) costaba, pero estamos aprendiendo”, explica, en alusión a unos formularios que distribuyó ORE, para que registren sus cazas diarias, lleven un control y se den cuenta que pueden estar excediéndose en la actividad. Por ello, la organización y los lugareños trabajan en la elaboración de un calendario de cacería, que recupere los saberes ancestrales.

Pedro Canchi Cárdenas es corregidor de San Salvador del Apere, una zona vulnerable a la tala de árboles maderables. “Aquí entraron personas de San Borja buscando madera, que es lo que cuidamos, junto con nuestros animales. Este año hemos acordado que si pillamos a una persona (ajena a su territorio), se le decomisará (lo que tenga) para que no entre más”, asegura.

Tecnología al servicio de los pueblos

El puesto de control de Monte Grande del Apere cuenta con un sistema de paneles solares que le suministran energía eléctrica. Los mojeño-trinitarios que habitan en esa comunidad levantaron una vivienda con un espacio para instalar la estación meteorológica, desde donde se monitorean las condiciones del clima de la región. Con ese equipo ya no se necesitan los registros de San Borja y de San Ignacio de Mojos, que hasta hace poco entregaban información aproximada del TIM.

El puesto de control cuenta con internet satelital e incluye una radio de onda corta que se comunica con las otras comunidades del TIM. Los datos que proporciona el puesto pueden ser revisados en tiempo real y de manera sencilla a través de su consola de alta tecnología, cuya operación es posible sólo con un conocimiento básico. Esta información también está disponible desde el celular, se subirá dentro de poco a la página web TIM Gobernanza Territorial — timgobernanzaterritorial.com— y se reporta a la Subcentral de Cabildos Indigenales.

El puesto de control de Monte Grande del Apere cuenta con internet, paneles solares y herramientas para monitorear el clima. / Foto: Pedro Laguna, ORE

El biólogo de ORE, Miguel Fernández, explica que el sistema integra dos subsistemas fundamentales: el subsistema de control de las actividades ilegales dentro del área, que supone la pérdida de recursos naturales, y el subsistema de vigilancia de la calidad de los bosques, ríos y pampas del TIM.

Asimismo, Mario Cerezo, técnico de la institución, agrega que la implementación de la tecnología tiene varias aristas: “Por un lado tenemos la implementación de la estación meteorológica y el internet en el Puesto de Control de Monte Grande, pero también el desarrollo de la plataforma web de Gobernanza Territorial del TIM; una aplicación para inspecciones, denuncias y para el control de cacería. Desarrollamos dos formas de toma de datos para los guardianes del bosque: una, usando aplicaciones en los celulares para aquellos que tienen internet, saben leer y escribir, y otra para aquellos que no tienen eso a disposición, para ellos se han diseñado planillas físicas”.

El técnico Mario Cerezo muestra cómo funciona la consola de monitoreo del clima, en Monte Grande del Apere. / Foto: Pedro Laguna, ORE

Las planillas físicas consisten en un cuaderno con ilustraciones de los animales que habitan en Loma Santa. Cuando los cazadores regresan de su faena en el monte, marcan en la planilla el dibujo del animal que cazaron, con datos adicionales como peso, edad aproximada y género, entre otros. La información que figura en estas planillas físicas permitirá tabular los datos en el celular, y luego confeccionar el calendario de cacería de las comunidades del TIM, datos que serán subidos a la web de Gobernanza.

«Estas planillas son sencillas, muchos cazadores ya las llenan. Ellos cazan, llegan a sus casas y se fijan en estos dibujitos qué animal han cazado, y lo marcan. Rellenan su cuadrito, ponen cuánto pesa, es importante saber qué cantidad de carne se consume a la semana, la cantidad de carne que provee ese cazador a la comunidad. En el tema del calendario, nos dicen en qué época las hembras están preñadas, eso sirve para recuperar la cacería ancestral, porque antes nos decían: ‘En mayo no vamos a cazar a las hembras porque están con crías’; esta planilla sirve para ese control», agrega Severiano Matenes, mojeño ignaciano, habitante de la comunidad Natividad del Retiro, en la actualidad técnico zonal de ORE.

La planilla de control de cacería, en la que se apunta el animal cazado, su peso, sexo, arma usada en la faena y destino de la carne. / Foto: Pedro Laguna, ORE

La instalación del puesto de control significó el encuentro de padres e hijos, de maestros y alumnos de la promoción del colegio de Monte Grande, donde los estudiantes dibujaron y pintaron el jaguar junto a la leyenda: «Puesto de Control y Vigilancia Monte Grande del Apere». La comunidad trabaja unida por un mismo objetivo: la preservación de su área de conservación.

«Aquí, en Monte Grande, se asignó un celular a uno de los guardianes del bosque, al señor Basilio, a él le ayuda su señora y su hija, los jóvenes manejan mejor el celular, y vimos que esa es una oportunidad muy interesante para el encuentro intergeneracional. A veces los mayores son los únicos involucrados en el problema del territorio, pero cuando incluimos a los jóvenes hacemos que tengan consciencia del futuro de su tierra y cómo pueden aportar al desarrollo de su comunidad», sostiene Cerezo.

La comunidad de Monte Grande del Apere, padres, hijos y maestros, aportaron para instalar el centro de control. / Foto: Pedro Laguna, ORE

Este puesto de control ya fue replicado en Cuberene, población del TIM limítrofe con el Territorio Indígena Chimán (TICH). La idea consiste en consolidar un puesto, ampliar su cobertura en puntos estratégicos, contar con guardabosques locales y garantizar la sostenibilidad de los puestos de control.

La importancia de la sostenibilidad

ORE gestionó recursos para la instalación de los puestos de control y su equipamiento, además de la capacitación de los guardianes del bosque, de los puesteros y de los profesores locales, que recibieron instrucción para navegar en la web de Gobernanza del TIM, para que sepan identificar los recursos multimedia que posee y puedan leer los mapas disponibles en la plataforma. El fin es que compartan estos conocimientos con los niños y jóvenes de las comunidades.

Luis Semo, habitante de San Salvador del Apere, muestra la planilla física de control de cacería. / Foto: Pedro Laguna, ORE

La institución planteó que para que los puestos de control y vigilancia cumplan su función en el territorio, estos deben ser sostenibles, de forma que el puestero pueda hacer su trabajo y a la vez mantener a su familia. Para ello se cuenta con el compromiso de las organizaciones del territorio como la Subcentral de Cabildos y la Subcentral de Mujeres, que apoyan en la gestión y en la implementación, para adicionar al puesto de control un chaco y comodidades para la familia puestera, que al entrar a la vivienda recibirá también gallinas, con cuya crianza se generará algún tipo de ingresos durante su estadía como responsables del centro de control.

El ingreso a Loma Santa, el área de conservación del TIM. / Foto: Pedro Laguna, ORE

«Nos ha tomado un tiempo pensar cómo hacemos para lograr la sostenibilidad (de los puestos de control), que un puestero pueda animarse a estar dos años sin paga. Nos sentamos con la Subcentral a pensar qué podría funcionar, de esa manera equipamos el puesto de control con una oficina, un espacio para que viva la familia, con su cocina y un baño, además de un chaco para producir yuca, maíz, lo básico. La semilla la pusimos nosotros, pero la comunidad se va a encargar de sembrar, producir y hacer que crezcan las gallinas que hemos entregado», detalla la coordinadora del proyecto, Catalina Rivadeneira.

«Como Subcentral de Mujeres apoyamos con la cría de pollos y gallinas ponedoras, también capacitamos a las personas que van a estar como caseros y vigilantes, para que sepan cómo se mantienen estos animales. ORE nos dio 50 pollitos, todos han sobrevivido y a los seis meses las gallinas comenzaron a poner huevos. Con estos 50 nomás vemos que no faltan los huevos para vender y alimentarnos. Para la comunidad esto parecía imposible, pero con las charlas y los talleres que dio la institución y las dos subcentrales hemos visto de qué manera se puede ayudar para activar los puestos de control», comenta Petronila Ipamo, secretaria de la cartera de Educación y Salud de la Subcentral de Mujeres Indígenas.

Petronila Ipamo, integrante de la Subcentral de Mujeres del TIM, junto a las gallinas que su institución ayuda a criar para llevar a los puestos de control. / Foto: Pedro Laguna, ORE

Los habitantes del TIM se apropiaron del planteamiento de la institución y comenzaron a desarrollar la idea hasta hacerla realidad. Al cabo de dos años, una vez terminada su gestión como puesteros, la familia de vigilantes deberá entregar el capital semilla a quienes ocupen su lugar. Pero, al marcharse, podrán llevarse consigo el excedente de los animales que criaron.

Detrás de sí también quedará el puesto de control y vigilancia, con la vivienda y su chaco, listo para que una nueva familia lo trabaje para vivir y custodie la actividad en el ingreso a Loma Santa, esa tierra sin mal, donde se vive en paz, de la que dependen los casi 5.000 habitantes del Territorio Indígena Multiétnico de Beni.

Una vista aérea de los habitantes de San Salvador del Apere. / Foto: Pedro Laguna, ORE

This post is also available in: English

Destacados