jueves, diciembre 8, 2022
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Revelarán estructura genética de la Rana Gigante del Titicaca y su situación por el tráfico y contaminación

Un equipo de científicos, respaldado por los gobiernos de Bolivia y Perú, presentará los primeros resultados de un megaestudio, que incluye un análisis genético de la especie, su preferencia de hábitats y en qué lugares ya no se la encuentra. Las herramientas ayudarán a definir estrategias de conservación.

¿Qué es exactamente una Rana Gigante del Lago Titicaca (Telmatobius culeus)? Aunque a simple vista se trata de un anfibio de cuerpo grande, con piel extra, cabeza achatada y que puede llegar a pesar 380 gramos, convirtiéndose en uno de los más grandes del mundo; hasta ahora no se tiene claro cómo está conformado genéticamente este animal. Para el mundo de la ciencia responder esa pregunta desde un análisis molecular será un gran paso para trabajar en estrategias de conservación de una especie “en peligro crítico de extinción”.

Desde el año pasado, un equipo de investigadores, apoyado por los gobiernos de Bolivia y Perú, así como del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) trabaja en conocer la morfología, revelar datos específicos de dónde es más abundante la población, dónde ya no está y por qué. También un análisis de calidad de agua y algo de hábitat. Todo ello para establecer herramientas más efectivas para preservar a esta rana, ya que, si bien hasta ahora había datos aislados, nunca se la había estudiado a profundidad.

“En el pasado se llegaron a identificar hasta 15 subespecies (de ranas) en la cuenca del Lago Titicaca, entonces de a poco se fueron revisando morfológicamente y quedaron Telmatobius marmoratus y Telmatobius culeus (la rana gigante). Ahora vamos a definir qué es cada una, porque es interesante que, siendo una rana tan emblemática, no tengamos claro qué es. Para eso nos estamos uniendo con el equipo de la Universidad Católica de Ecuador para hacer los análisis moleculares allá. Con eso vamos a dar datos importantes para su conservación”, dice Teresa Camacho Badani, jefa del departamento de Herpetología del Museo Natural Alcide D’orbigny de Cochabamba y responsable del centro K’ayra, el único de custodia exclusiva para anfibios amenazados en Bolivia, y que pertenece al mismo museo.

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Una respuesta frente a las amenazas

Un individuo captado en las profundidades del lago navegable más alto del mundo, el Titicaca. Foto: Stephane Knoll (Museo d’Orbigny)

Este trabajo, que se prevé será entregado en agosto si la pandemia lo permite, permitirá diseñar mejores estrategias de conservación de la especie. Actualmente, tanto para Bolivia como Perú, se encuentra “en peligro crítico de extinción”, debido a dos amenazas fundamentales: la contaminación ambiental y el tráfico.

En el primer caso, al tener una piel tan permeable, absorbe todo lo que tiene el agua y es la primera en desaparecer. Un signo de ello -asegura Camacho- es la muerte masiva que hubo en 2015, en el lago menor del Titicaca, donde murieron alrededor de 10 mil individuos. Al año siguiente se registró una mortandad similar en Perú.

Respecto al tráfico, la capital peruana tiene un gran mercado para el consumo del “jugo de rana”, un preparado que contiene yerbas, miel de abeja y el anfibio licuado como ingredientes. Los vendedores le atribuyen poderes afrodisíacos, entre otras bondades.

Frente a esta situación, en 2010 el vecino país empezó una cruzada por la conservación de la rana gigante. Roberto Elías Piperis, veterinario de la Universidad Cayetano Heredia de Lima y representante del Zoológico de Denver en su país, cuenta que desde entonces se intentó trabajar con Bolivia, sin éxito. “Por ello, para nosotros es un logro poder hacerlo algo en conjunto, porque la rana no reconoce fronteras. Porque si Bolivia hace algo y Perú no lo hace, no sirve de nada, y viceversa”, dice.

La mafia del tráfico

En estas condiciones transportan a los anfibios hasta la capital peruana. Esta imagen fue captada en un decomiso.

Para Elías, conocer la parte genética de la rana, ayudará a saber si en realidad es una o hay más especies que habitan en el lago Titicaca y en cuerpos de agua aledaños. A su vez esto ayudará a saber qué hacer con los individuos cuando son decomisados.

Según explica, la mayor demanda de estos anfibios está en Lima, porque un tercio de la población peruana vive en esa capital. Las otras ciudades donde se vende el “jugo de rana” son Arequipa, Cusco y Juliaca, en Puno.

No hay información exacta sobre el uso de este animal con fines curativos. Solo una tesis de la Universidad Nacional del Altiplano, elaborada con testimonios de pobladores de comunidades que están alrededor del Titicaca, quienes dicen que “es milenario”. Claro, en tiempos antiguos su consumo no era habitual, sino cuando surgía alguna dolencia particular, “lo cual es más creíble porque lo otro (los jugos) es algo que hacen con licuadora”, comenta el experto.

La demanda alimenta un mercado manejado por traficantes. Oficiales del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) de Perú comentaron con Roberto que existen acopiadores y un traficante. El número de animales que colectan de cada lugar bajísimo, por lo que las van reuniendo y cuando tienen un número grande, lo entregan. Los transportan en cajas de madera en condiciones deplorables, porque están unas sobre otras. En el caso de Bolivia, no se sabe cómo las pasan, pero al haber contrabando en la frontera, la dificultad no sería el problema.

“Ahora están usando más de una especie”, apunta Elías. Tomando en cuenta que la extensión del Titicaca supera los ocho mil kilómetros cuadrados, había zonas donde abundaba la rana. “Si están sacando miles, de diferentes puntos del lago, pero aparte hay otras amenazas más grandes como la contaminación, de hecho, la población está disminuyendo”.

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El otro gran problema de este delito es que cuando se decomisa grandes cantidades no se sabe qué hacer con ellas, porque al haber sido colectadas de diferentes lugares del extenso cuerpo de agua, devolverlas en cualquier sitio, puede causar mayores daños.

En el caso de Perú, muchas veces se las entrega a las universidades con fines de investigación. En Bolivia no se dan incautaciones muy grandes, pero algunas fueron llevadas al Bioparque Municipal Vesty Pakos de La Paz, con fines educativos.

“Todos podemos hacer algo”

Hay un hongo (Batrachochytrium dendrobatidis) que infecta a las ranas y ha atacado a 500 especies, de las cuales 100 han quedado extintas. En los decomisos de estos animales que se hizo en Perú, Roberto revela que se encontró individuos infectados, aunque no enfermos. Eso significa que la contaminación u otros factores pueden provocarles estrés y desarrollar la enfermedad. Hasta ahora no se conoce que esta enfermedad haya sido transmitida al ser humano. Tampoco hay indicios de que lo haga un virus que está provocando declinación de poblaciones.

Sin embargo, en un mercado popular de Lima se detectó bacterias en la piel de una rana, que sí podía enfermar al hombre. “Las condiciones en que las tienen son terribles. Están en cajas donde no les cambian el agua, no las alimentan, entonces las ranas están defecando y eso se contamina. No sabemos de dónde viene el agua”, observa el veterinario.

Frente a esto, los expertos coinciden en que desde el lugar donde uno esté, puede hacer algo para salvar a estas y otras especies.

El primer paso puede ser no consumir estos jugos, tampoco las ancas de rana que se ofrecen en algunos restaurantes de poblaciones aledañas al lago Titicaca.  “No es bueno consumir ancas de rana, es fauna silvestre y se encuentran amenazadas, su consumo está prohibido. Solo haciendo eso, ya se ayuda mucho. Otra de las principales causas de la declinación de la rana del Titicaca es la contaminación, entonces hay que cuidar los cuerpos del agua”, reflexiona Teresa Camacho.

Lo otro es ser conscientes de que cualquier actividad o conducta que tengamos tiene un impacto con el medio ambiente. Además, todas las amenazas a la biodiversidad están relacionadas a actividades del ser humano. “Lo que estamos viviendo ahora, es producto que lo que estamos haciendo. Consumimos más de lo que debemos. Ensuciamos más de lo que debemos”, dice Roberto.

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