Dos cóndores andinos -un macho juvenil y una hembra adulta- se salvaron de morir envenenados. Otros seis ejemplares no corrieron la misma suerte y un tercero logró escapar tras recuperarse.

El nuevo caso de envenenamiento de aves de la especie Vultur gryphus en Chuquisaca, desveló la profundización del conflicto fauna silvestre – ser humano en zonas rurales del país. Pero, además, dejó en evidencia la urgente necesidad de Sucre, capital de Bolivia, de contar con un centro de custodia para tener a este tipo de animales mientras son rehabilitados antes de su liberación.

El suceso, catalogado legalmente como biocidio, se registró a 40 kilómetros de la capital chuquisaqueña, en Cororo, una comunidad del municipio de Tarabuco. Laura Lagrava, voluntaria de la Protectora de Animales S. A., explicó a La Región que, presumiblemente, las aves consumieron carroña de un perro envenenado el viernes 22, pero el caso recién se conoció al día siguiente. Por una nota de la agencia ABI, se supo dos de ellas fueron trasladadas a la capital boliviana, donde un veterinario las atendió.

La situación de los dos sobrevivientes era estable, según dijo el responsable a los voluntarios, quienes estaban preocupados porque ya en anteriores ocasiones habían apoyado en este tipo de hechos con la misma especie.

Para el lunes la hembra ya se había recuperado, por lo que se necesitaba un lugar dónde llevarla mientras el Ministerio de Medio Ambiente y Aguas autorizaba su liberación, como establece el protocolo. Para ello la Protectora tuvo que acondicionar una habitación en casa de un estudiante de Biología. El traslado se hizo con la intervención de dos funcionarios de la Gobernación de Chuquisaca y se contó con el asesoramiento de Diego Méndez, director del Programa de Investigación Aves Rapaces en Bolivia. Un par de días después, el macho también fue dado de alta y, una vez más, se tuvo que buscar un lugar donde tenerlo.

Finalmente, en una reunión de coordinación entre la Fiscalía de Tarabuco, cuya representante investiga la muerte de los cóndores; la Gobernación, que tiene tuición sobre los ejemplares vivos; el municipio de Tarabuco, donde ocurrió el hecho; Diego Méndez como experto, y voluntarios de la Protectora, como institución que apoya estos casos; se acordó la liberación para el domingo 31 de julio.

Volver a “casa”

El tamaño del ave es uno de los factores para que se requiera un espacio de gran tamaño para tenerla mientras se gestiona la liberación.

Tanto el biólogo Méndez como técnicos del municipio de Tarabuco ubicaron un lugar apto para que los cóndores alzaran vuelo dentro del mismo territorio donde ocurrió el hecho. En estos casos, se busca que sea un sitio alejado del ser humano y donde nada perturbe a los animales en su regreso al hábitat.

El acontecimiento estaba previsto para la mañana del 31, pero dirigentes de Cororo solicitaron que la liberación sea en su comunidad. Allí habían preparado una fiesta con banda y la presencia de los habitantes del lugar. El lugar estaba a media hora de caminata, por lo que ocho personas tuvieron que cargar las dos jaulas y hacer el recorrido.

Finalmente, “Bárbara” y “Santiago”, como habían nombrado a los cóndores se marcharon sin que hasta el momento se conozca quién propició la muerte de los otros seis ejemplares.

En busca de conocer avances de la investigación, La Región escribió a la fiscal a cargo, Brenda Serrudo, para coordinar una entrevista, pero no respondió a los mensajes pese a que estos fueron leídos. En el aire quedaron preguntas sobre si se tomó muestras a las aves fallecidas para determinar el veneno que acabó con sus vidas; si se hizo el rastrillaje correspondiente en zonas aledañas al radio donde se encontró los cuerpos, como ocurrió en un hecho similar registrado en Tarija el año pasado, y si hay algún sospechoso de haber propiciado el biocidio de animales catalogados como “vulnerables” a la extinción, según el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia (2009). Por la misma nota citada de ABI, se conoce que: “las aves que murieron fueron enterradas con honores y una banda musical la noche del domingo”.

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Fauna-ser humano, un conflicto que se agudiza

“Lo que hay que resaltar, y que es un aspecto negativo, es que la amenaza de los envenenamientos de carroña para los cóndores es muy grave. Hemos podido ver el año pasado con el caso de Tarija la magnitud que pueden tener estos eventos, y se repiten. Eso es lo grave, son recurrentes”.

Diego Méndez es un científico boliviano que lleva años estudiando a la emblemática ave de Sudamérica. Su sentencia tiene que ver con la necesidad de sumar esfuerzos -autoridades, expertos, sociedad civil- para conservar al cóndor, porque “lo estamos perdiendo sin ningún tipo de atenuantes”. Sin ir lejos, el año pasado, por la misma época -recuerda- hubo un caso de envenenamiento muy cerca de donde ocurrió el de Cororo.

Y es que el cóndor puede ser percibido como especie dañina porque hay ocasiones en las que ataca a un animal vivo para alimentarse. Sin embargo, se trata de eventos raros y oportunistas. Eso quiere decir que el ave ve a un animal moribundo, enfermo o mal atendido, entonces aprovecha para cazarlo.

“Es una especie carroñera, ni siquiera está adaptada para cazar, pero el ser humano tiene la tendencia de magnificar ciertos hechos. Puede haber pasado una vez, pero se generaliza”, dice Méndez.

Pero aquello es visto como una amenaza para el ser humano, quien ve como solución envenenar no solo al cóndor, sino a otras como los mamíferos. En el caso del ave, la situación se complica porque al ser una especie longeva, recién alcanza la adultez a los 11 años, y puede reproducirse. La hembra solo empolla un huevo durante dos meses, luego ella y su pareja atienden al pichón seis meses en el nido y se toman otros seis más para cuidarlo. 

Frente a esta situación, la conservación del cóndor requiere colaboración entre partes. “Si no nos vamos a sentar, es imposible conservarlo, porque la misma especie lo dice. Para el cóndor no existen fronteras nacionales ni departamentales. Necesitamos unificar esfuerzos en torno al plan que existe para la especie. Ese plan tiene que orientar las acciones que tomemos, porque ahí está incluida la educación, sensibilización, investigación”, reflexiona Méndez.

Un final feliz

El experto Diego Méndez estima que el macho es un juvenil, mientras que la hembra, una adulta.

“Bárbara” y “Santiago”, los dos ejemplares que sobrevivieron a la matanza en Cororo, son los ejemplares 14 y 15, respectivamente, en portar un dispositivo que permite hacerles seguimiento mediante telemetría satelital. Esto es parte del Programa Conservación Cóndor Andino, que actualmente tiene datos de indiividuos de los siete departamentos donde se distribuye la especie en Bolivia: La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Tarija, Cochabamba y Santa Cruz. La información que genera el desplazamiento de las aves es muy valiosa porque permite generar más estrategias para preservarlas.

“Sentimos mucha alegría al saber que los cóndores están volando. La emoción de verlos libres y sanos ha sido muy grande. El momento que el macho se fue, después de la hembra, nos permitió pensar que ojalá tengan larga vida”, asegura la voluntaria Laua Lagrava, cuya organización apoya en casos de rescate de fauna silvestre, ante la falta de un centro de custodia en Sucre.

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Para Diego Méndez, pese a que este tipo de casos de envenenamiento es muy lamentable, permite también generar oportunidades como la creación de un refugio, aunque sea provisional para atender a estas especies.

“Con el grupo de personas que hemos trabajado (la Protectora de Animales) en la atención de estos cóndores ahora y el año pasado, tenemos la iniciativa de colaborar con autoridades locales, para construir un centro de custodia al menos provisional. Esa es la conclusión positiva de estos casos lamentables, que al menos sirven para impulsar eso”.