Foto: Daniel Alarcón

Marco Octavio Rivera*

Las áreas protegidas son consideradas, a nivel mundial, uno de los instrumentos más eficaces para la conservación de la biodiversidad. Protegen ecosistemas, paisajes, funciones ecosistémicas, especies de fauna y flora únicas, endémicas, y/o en diversos grados de amenaza. Por tanto, deben ser manejadas con absoluta idoneidad y profesionalismo, considerando la relevancia de la ciencia de la conservación como orientador primario, pero incorporando una lógica de transdisciplinariedad, como elemento de enriquecimiento de gestión.

Todas las áreas protegidas con ecosistemas íntegros contribuyen a la recarga y mantenimiento de acuíferos; en algunos casos, a manera de gigantescos lagos subterráneos. De esta forma, todas ofertan agua de buena calidad, tanto para la naturaleza como para las comunidades locales y de sus regiones. Especialmente las áreas protegidas con extensas masas de bosques tropicales húmedos o subhúmedos, contribuyen al control climático al mantener húmedo el aire en movimiento por bombeo de agua del suelo y transpiración de los árboles. También contribuyen a la provisión regular de lluvias locales y regionales al emitir “aromas” o compuestos orgánicos volátiles (terpenos) que al oxidarse en la atmósfera, se convierten en núcleos de condensación de gotas, generando las típicas abundantes lluvias locales.

Consecuentemente, sus masas boscosas bien conservadas forman corrientes de aire húmedo que son auténticos “ríos aéreos” portadores de lluvias. Las áreas protegidas constituyen, además, al atenuar la concentración de la energía de los vientos, un seguro contra eventos atmosféricos destructivos, como vendavales o huracanes. Todas las áreas protegidas, en mayor o menor grado, realizan el control de caudales de ríos y cabeceras de cuenca. Por tanto, contribuyen en la atenuación y control de inundaciones o riadas, y de cargas sedimentarias a los ríos. Todas las áreas protegidas, en mayor o menor grado realizan el control de caudales de ríos y cabeceras de cuenca, por tanto, contribuyen en la atenuación y control de inundaciones o riadas, y de cargas sedimentarias a los ríos. Las marañas de raíces sujetan los suelos en las laderas de fuerte pendiente y reducen la probabilidad de deslizamientos.

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Muchas, albergan pueblos indígenas y protegen valores culturales ancestrales, intangibles y tangibles, sitios sagrados de estos pueblos, y  que al mismo tiempo pueden ser valores relevantes del patrimonio arqueológico. Las áreas protegidas proveen servicios y valores de identidad y sentido de pertenencia territorial y regional para pueblos indígenas y campesinos, y población regional en general.

En general, las áreas protegidas ofertan según sus categorías, zonas y reglas de manejo, recursos importantes, como base de la subsistencia y seguridad alimentaria para las comunidades locales. Al ser hogar ancestral de culturas tradicionales indígenas y/o campesinas, conservan recursos de la agrobiodiversidad nativa (variedades de papas, yucas, maníes, frijoles, ajíes, calabazas) que son base de seguridad alimentaria local y regional, y parte del patrimonio cultural. Asimismo, a partir de la pervivencia de sistemas de conocimientos tradicionales indígenas y campesinos, pueden albergar modelos de producción alternativa silvicultural y agroecológica de bajo impacto ambiental. Todas ofertan un alto número de especies de plantas medicinales de uso local y regional. Las áreas protegidas, también, ofertan controladores naturales de plagas a regiones circundantes, e incluso funcionan como barreras naturales de control para reducir la expansión de plagas regionales. Todas ofertan servicios de polinizadores altamente especializados

Todas ofertan valores naturales escénicos y paisajísticos extraordinarios y hasta superlativos, que brindan oportunidades extraordinarias para actividades de ecoturismo, aportando al bienestar de las poblaciones locales y regionales. Algunas protegen valores paleontológicos extraordinarios.

Las áreas protegidas brindan un valor de existencia, el solo hecho de saber que existen áreas protegidas, debería generar una sensación de gozo y bienestar.

El 4 de septiembre se conmemora a las áreas protegidas, sin embargo, es muy importante resaltar, que a pesar de su inmenso valor actual y para las futuras generaciones, y tener pleno reconocimiento en la Constitución Política del Estado, enfrentan una lamentable falta de apoyo por parte del Estado y la sociedad, así como diversas amenazas provenientes de proceso extractivos altamente expoliativos, construcción de infraestructuras de alto impacto, megaproyectos, y avance descontrolado de fronteras agropecuarias.


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