Por Miriam Telma Jemio y Ros Mery Menchaca

Una casita de madera, en medio de un bosque deforestado hace décadas por empresas madereras, da cobijo a la familia de Manuel Lima Bismark. El camino hacia su parcela, de tres hectáreas, está poblado de hojas mojadas por la lluvia caída la noche anterior. Está ubicada a un kilómetro de la carretera principal, en la comunidad Trinchera, situada en la Amazonía boliviana, a 55 kilómetros de Cobija, Pando.

En la mañana del último viernes de octubre, Manuel Lima es el anfitrión de un grupo de periodistas y técnicos del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) Norte Amazónico que visita su hogar. Los invita a sentarse en sus sillas de madera que, por largos años, no fueron ocupadas por extraños que quieran escuchar sobre sus necesidades, sufrimiento, explotación, humillación y miseria que vivió en la época de los “patrones”, al igual que las más de 50 familias que habitan esa comunidad.

La guerra bélica con Brasil por el Acre también sumió a la región en penurias cuando los brasileros invadieron ese territorio por la codicia de sus recursos naturales pero se los hizo retroceder y, ahora, dice Lima, las grandes empresas madereras pretenden extraer los árboles, muchas veces con el apoyo del Estado, vulnerando los derechos de los pueblos indígenas y campesinos.

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Mientras los visitantes saborean el agradable café pandino, Lima (53 años) recuerda que el principal producto era la siringa o látex, que generó importantes ingresos para el Tesoro General de la Nación. Hoy ya no se explota por su bajo precio. Ahora, la castaña es la que aporta al país con más de 300 millones de dólares anuales por su exportación. “Las empresas privadas son las más beneficiadas con este recurso, al departamento de Pando llega migajas y casi nada a la comunidad Trinchera, siendo que ésta debería recibir mayor ingreso económico por la producción de castaña”, se lamenta.

Aunque en la comunidad renació la esperanza de que esa situación cambiará porque las familias que la habitan, cansadas del abuso de los grandes empresarios, se organizaron y formaron la Sociedad Extractivista de Familias de Recolectores del Norte de Bolivia (Sefenbo), para vender directamente la castaña y recibir un pago justo. Su primer contenedor con 19 toneladas de castaña va rumbo a Italia. La zafra de la castaña que empieza a mediados de diciembre próximo será acopiada y el mercado de Inglaterra y Alemania será su siguiente destino.

Para llegar a este momento las familias de la comunidad Trinchera, ubicada en el municipio Porvenir, en Pando, llevan varios años trabajando con sistemas agroforestales en sus parcelas donde tienen, como es el caso de Manuel Lima, plantas medicinales, cítricos como el limón, pomelo, naranja, mandarina que van principalmente para su consumo familiar.

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En tanto, las plantas como el asaí, majo, cancharana, majillo, palma real, acerola, el sinini y el copuazú que ofrece la selva amazónica son una alternativa económica para el desarrollo de la comunidad porque las pueden comercializar. Un ejemplo es el asaí, que es procesado para venderlo en los mercados de  Cobija y otros municipios. Se ha convertido en un ingreso económico importante para las familias, fuera de la castaña.

Es casi medio día y en el recorrido por la parcela de Lima, se ven acerolas, cítricos y los árboles de cacao. Los visitantes van conociendo las plantas y sus propiedades, además de su utilidad por la explicación que dan los técnicos de Cipca, Daniel Semo Yoamona y José Luís Parada; a la par, el anfitrión va mostrando sus plantas de copuazú, cancharana, guineos y las medicinales.

Para los técnicos, la propuesta productiva de Lima es un buen ejemplo para los demás comunarios de Trinchera. Muestra cómo se puede apostar por otras opciones de producción para asegurar un ingreso fuera de la castaña. Se pone más énfasis en la explicación de las propiedades y oportunidades que tiene el asaí cultivado. Parada explica que el apoyo de Cipca en la implementación de Sistemas Agroforestales Diversificados se realiza en  montes secundarios (barbechos) y tierras degradadas.

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Poco a poco, al dejar la parcela de Lima, el paisaje va cambiando y ya se aprecian los árboles del majo, majillo, palma real, de cacao nativo y del asaí silvestre; se trata del monte, de un bosque primario que no ha tenido ninguna intervención. Mientras muestra un árbol de palma, Lima dice que aún no están aprovechando ese producto por falta de conocimiento, aunque un miembro de esa comunidad fue a Puerto Maldonado a empaparse sobre el uso comercial de la palma real, ya que en Perú la usan para elaborar cosméticos.

Uno de los problemas es bajar los racimos del fruto que estiman pesan unos  50 kilos y se encuentran a unos 30 metros arriba. Podrían usar una escalera de aluminio para alcanzarlas, comenta Lima.

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La producción en la planta procesadora de Asaí

El 2016, 10 jóvenes emprendedores de la Asociación de Recolectores Productores y Transformadores de Frutos Amazónicos Trinchera (Arptfat) iniciaron la producción de asaí de manera artesanal, convirtiendo la peladora de maíz en procesadora de asaí. Tiempo después, con el apoyo del programa de Inclusión Económica Para Familias y Comunidades Rurales (Accesos) y el Cipca lograron contar con un ambiente adecuado y equipado con heladeras y filtros purificadores de agua con lo cual montaron una “Planta Procesadora de Asaí”. Lirio Lima recuerda que se invirtió más de 100 mil bolivianos en dos fases.

La capacidad de producción de la planta es de 300 kilos diarios, lo que demanda una mayor producción de asaí durante la zafra, que empieza en abril y termina en septiembre de cada año. En tanto, la asociación espera obtener pronto el registro sanitario del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag), con lo cual ampliará su mercado a toda Bolivia, pero no solo de asaí, apostarán también a la cancharana y el cedrillo para generar  más recursos económicos a los agricultores de Trinchera.  En Cobija venden a 20 bolivianos un kilo de asaí, en la misma planta el kilo cuesta 18 bolivianos. El asaí puede durar hasta un año congelado, aseguran.

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En esta planta se siguen rigurosamente las normas del Senasag, las normas de higiene y seguridad, para lo cual se trabaja con la indumentaria correspondiente para la manipulación de alimentos, con el fin de garantizar la inocuidad del producto, explican.

La selva castañera de Trinchera

A unos minutos de la Planta Procesadora de Asaí, se levanta la selva castañera. El intenso sonido de los cucos y los grillos alertan sobre los visitantes en el lugar, a decir de los comunarios. Son inmensos los árboles de castaña, para ver su copa, uno tiene que alzar la cabeza y perder la mirada en el infinito del cielo porque miden más de 30 metros de alto. Para Manuel Lima y los técnicos de Cipca Norte Amazónico, los árboles de la castaña son la madre del bosque, buscan la luz del sol para verse aún más majestuosos.

Durante la expedición, José Luís Parada explica que el primer paso es ordenar el territorio dentro de la comunidad lo cual se consigue con la elaboración de un Plan Integral de Bosque. Una vez que el agricultor de la comunidad Trinchera identifica su territorio, sabe en qué lugar hará el aprovechamiento de la castaña, porque conoce cuántos árboles tiene, cuántos cocos caen, qué árboles producen y cuáles no. El Plan le guía para abrir sus sendas castañeras e incursionar monte adentro, ahora mismo es limpiada para la zafra que comenzará a mediados de diciembre y terminará en marzo de 2019.

Cada agricultor de Trinchera posee 500 hectáreas de tierra, en cada hectárea debería haber al menos  un árbol de castaña, pero no hay los 500 árboles. Cada familia tiene en su parcela entre 100 a 130 árboles de castaña, cada árbol produce entre 20 a 100 kilos por año, aunque algunos no dan ni un kilo. Otros se caen por su antigüedad, por los vientos fuertes o cuando los alcanza un rayo. Para remplazarlos los comunarios empezaron a plantar árboles de castaña en sus parcelas, sus primeros frutos darán en 20 años.

Al finalizar el recorrido, en medio de las hierbas se ven pequeños árboles de siringa. Se están recuperando después de décadas de explotación, dicen los técnicos. Estas tierras no son aptas para la soya, arroz y caña, remarca Lima.

Con esperanza en el futuro

En la comunidad Trinchera viven unas 40 personas. Son nuevas generaciones provienen de padres que fueron explotados, castigados y despojados de sus tierras por los patrones, quienes desaparecieron tras la caída del precio de la goma. Así las familias de entonces incursionaron monte adentro para independizarse, para trabajar en la agricultura y dedicarse a la recolección de la castaña para sobrevivir en un monte donde ni siquiera existía carreteras para sacar sus productos. En ese contexto, los intermediaros aprovecharon para comprar el producto a bajo precio, cuenta Lima.

Entre 1999 y 2000 esto fue cambiando porque los indígenas y campesinos comenzaron a organizarse en sindicatos y en comunidades para reclamar sus derechos. Luego llegó la ayuda de ONG y de la cooperación internacional con lo cual lograr consolidar su territorio

Hoy, las familias de comunidad Trinchera apuestan por nuevas alternativas de desarrollo con la producción de frutos exóticos que ofrece la Amazonía pandina. No necesitan deforestar sus bosques  para producir, porque a gritos pide la naturaleza cuidarla, dice con seguridad Manuel Lima, exdirigente de la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Pando. En ese contexto, afirman que no permitirán que empresas privadas se aprovechen de sus recursos naturales, porque de eso depende la sobrevivencia de esas familias.

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