Sunday, June 23, 2024

Huertos ecológicos sustentan la economía de familias guaraníes en el Gran Chaco

Entre flores y sembradíos de frutas, doña Rosa Alfaro camina hacia su huerto, en la comunidad Campo Largo, municipio de Caraparí, hasta donde se llega luego de cruzar la serranía del Aguaragüe, el emprendimiento familiar que consiste en la producción para consumo, la venta de platines florales y de hortalizas. “Sacamos plantines de cebolla, lechuga, lo vendemos por arroba, nos hacen pedidos y entregamos en Yacuiba”, comenta.

Desde hace seis años trabaja con su familia en los cultivos, este año instalaron un vivero con apoyo del Gobierno Regional de Caraparí, con el que buscan ampliar la producción.

Doña Rosa es fundadora de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) Zona Caraparí y continuó con las actividades agrícolas que le enseñaron sus padres. “Fundamos la APG con 25 personas, me gustaba salir a reuniones y buscar recursos”, afirma.

A un costado del huerto se pueden apreciar girasoles que sobresalen del sembradío.
Las comunidades guaraníes persisten en la agricultura con prácticas sustentables, si bien muchas de ellas están apostadas en territorios golpeados por la sequía, redoblan esfuerzos para cultivar y sostener a sus familias.

El acceso el agua es un problema recurrente en el Chaco, en ese sentido, instituciones locales y algunas ONG brindan apoyo técnico.

Sembradios en el municipio de Caraparí: Foto Josefina Vásquez

En el caso de la APG de Caraparí, cuenta con un programa exclusivo que se ejecuta desde el Gobierno Regional, que brinda atención a todas las capitanías guaraníes de ese municipio.

Silvia Flores, responsable de la Dirección del Pueblo Indígena de Caraparí, afirmó que la APG está compuesta por 21 comunidades; los recursos se destinan a programas agropecuarios y a uno cultural, que consiste en el Arete Guasu (fiesta grande guaraní.).

“Son cinco áreas: la primera es la agrícola, que colabora con invernaderos para la producción de hortalizas; otra área es la de ganado menor, con la dotación de cerdos y ovejas de pelo. Otro rubro que tenemos son las aves de traspatio, apicultura y piscicultura”, detalla.

El presupuesto asignado es de 1.400.000 bolivianos, de esa cifra también se destinan montos para gastos operativos de la dirección, según la funcionaria.

Apoyo de las ONG


Ricardo Paita Díaz, responsable Regional (Yacuiba y Caraparí) del Centro de Estudios Regionales de Tarija (Cerdet), se refirió al apoyo a las comunidades pertenecientes a la APG en el área productiva, que se incrementó después de la pandemia.

“La APG tiene 24 comunidades, desde la recesión por la pandemia tenemos un fuerte apoyo a lo productivo para garantizar la seguridad alimentaria y comercializar los excedentes”, aseguró.

Ojo del Agua, Pananty, Sanandita, Koema Guasu, Yeroviarenda, Tentamí, Sunchal, Lapachal Bajo, San Francisco del Inti, Caiza, Campo Grande, Laguna Seca, Pozo del Anta, Yaguacua, Timboy Tiguasu, San Francisco del Inti y El Palmar son algunas de las poblaciones donde el Cerdet ejecuta proyectos a lo largo de los años.

“Realizamos un trabajo paralelo: el de acceso a tierras y de medios para que ellos puedan producir”, indicó Paita. El modelo de desarrollo que aplican es el productivo de escala familiar basado en la cosecha de agua. El recurso es almacenado en tanques flexibles o cisternas de placa y luego se da curso a una distribución con riego tecnificado, que puede hacerse por aspersión o goteo.

“Se tuvo éxito, otras comunidades no tenían agua y nosotros teníamos la posibilidad de cubrir los cultivos hasta la cosecha”, señaló.

Consultado sobre las previsiones para la región en relación al cambio climático y afectación a la producción, aseguró que se deberá optar por infraestructuras que permitan que el agua no se evapore, al considerar el aumento de las temperaturas, lo que demandará mayores recursos económicos en la inversión de proyectos. Por otro lado, prevén acciones de incidencia de modelos productivos con los gobiernos locales.

“Se puede producir en el Chaco, pero mediante innovaciones y estrategias”, sostuvo Paita, quien pondera el trabajo colectivo de hombres y mujeres guaraníes, en contraste al desconocimiento que muchas personas tienen acerca de su cultura, usos y costumbres.

“Hay un mito respecto a los guaraníes, hemos hecho incidencia sobre la capacidad que tienen para enfrentar los procesos productivos”, declaró.

Entre las experiencias productivas del municipio de Yacuiba, puso como ejemplos los policultivos en Laguna Seca y Timboy Tiguasu.

Con una siembra diversa hicieron una “ensalada” en una misma superficie. “Con ayuda del Gobierno Regional del Gran Chaco aplicamos en la misma área diferentes cultivos: una fila de cebolla, otra de tomate y de lechuga, lo que permitió bajar un 90% la incidencia de plagas y enfermedades, sin utilizar agroquímicos”, precisó.

Joaquín Díaz de la Quintana, responsable de Desarrollo Territorial de Fundación ACLO (Acción Cultural Loyola) Regional Chaco indicó que llevan a cabo proyectos de conservación de áreas protegidas, en este caso el Parque Nacional Aguaragüe, donde abordan las normativas ambientales con las comunidades guaraníes y de protección a la reserva natural.

“Es importante la conservación para el desarrollo productivo y la sostenibilidad económica, trabajamos en la zona de amortiguamiento de la reserva”, apuntó.

Comunaria de Laguna Seca muestra su cosecha de sandía. Foto:Josefina Vásquez

Otro proyecto que ejecutan en Villa Montes es el de los sistemas agroforestales con la recuperación de saberes ancestrales. Las comunidades de Tarairí, Chimeo, Puesto García y Tigüipa Estación reciben capacitación para una producción sostenible.

“Lo interesante es saber que la naturaleza va recuperando lo que destruimos con la agricultura convencional. En los huertos se produce con una combinación de plantas, herbáceas, aromáticas, frutales, hortalizas en un terreno que dejamos lo más parecido a un jardín del Edén” explicó Díaz.

El tipo de agricultura sostenible conlleva tiempo y esfuerzo para una implementación adecuada. El factor hídrico es clave para los cultivos. Al considerar las características de la región chaqueña y la problemática de la sequía, recurren a la habilitación de sistemas de riego.

“La agricultura ecológica es la principal medida de adaptación al cambio climático, porque usamos los recursos que nos brinda la naturaleza y aplicamos técnicas como la cosecha de agua”, señaló.

El profesional hizo énfasis en los saberes ancestrales y la combinación de conocimientos técnicos, que se fusionan para optimizar la producción.

“Los guaraníes tienen potencial para realizar investigación en cuanto a los tipos de maíz que producen y nosotros fomentamos esas prácticas”, aseguró.

Otra institución presente en el Chaco y que acompaña emprendimientos productivos de las familias guaraníes es Nativa (Naturaleza, Tierra y Vida). Regis Viveros, técnico de la fundación, comentó sobre los proyectos en los municipios de Yacuiba y Villa Montes.

“En Tahiguaty, Chimeo, Inti en Yacuiba trabajamos para el acceso sostenible al agua”. Con la implementación de tanques de geomembranas luego proceden a conectar los reservorios a los huertos de hortalizas y cítricos mediante riego a goteo.

“Han logrado aumentar la disponibilidad de alimentos y el excedente sacan a los mercados más cercanos”, contó Viveros, quien destaca la alimentación saludable como resultado de la agricultura ecológica. Gran parte del año disponen de los productos de sus cosechas y no tienen que salir de sus territorios a buscarlos.

“El pueblo guaraní tiene una dieta casi vegetariana, por el consumo de maíz, zapallo y otros, sus alimentos son saludables, ojalá más comunidades tomen su ejemplo”, explicó.

En relación a la economía, fortalecer la actividad agrícola ayuda a disminuir la migración, en ocasiones algún miembro de la familia abandona su comunidad en busca de oportunidades y recursos económicos.

“Los cultivos son de gran importancia, ayudan a que las familias sigan unidas y se mantengan en sus territorios con su cultura y conocimientos”, manifestó.

Para la comercialización, capacitan a los productores en el acceso a tecnologías, con centros de computación en comunidades a través del proyecto Nanum Mujeres Conectadas.

Huertos comunales

Sembradíos de un huerto comunal. Foto: Josefina Vásquez


Dentro del municipio de Yacuiba, se encuentra Laguna Seca, donde los paisajes rebosaban de verdes tras las lluvias. La autoridad del lugar es el mburuvicha comunal y un grupo de personas que trabajan en el huerto.

“Recibimos apoyo para los sembradíos con la dotación de semillas de parte de las instituciones. Además del huerto colectivo, algunas familias tienen parcelas y siembran maíz y comercializan chanchos y aves”, señaló el mburuvicha Julián Pizarro.

En épocas sin producción, muchos salen a buscar trabajo como jornaleros y obreros. Para formar parte de las actividades del huerto, las familias pueden ingresar o dejar el grupo cuando crean conveniente.

Wilma Chiri, responsable de producción de Laguna Seca, destacó la participación de las mujeres, quienes alternan las tareas de agricultura y del hogar.

Aseveró que que por el recrudecimiento de la sequía, se esforzaron bastante por lograr la cosecha. Este año fue la primera vez con sembradíos de sandía; ahora se preparan para la siembra de maíz.

El lugareño Walter Chiri agregó que desde hace seis años trabajan de manera organizada en el huerto, que tiene una hectárea de extensión.

“Este emprendimiento viene a sustentar para la olla familiar, es para nuestro consumo y no alcanza para vender”, explicó.

En Tembipe, Caraparí, se cuenta con un invernadero en el huerto comunal. El joven mburuvicha Hubert Barrios manifestó que fue implementado para la producción de verduras y hortalizas, con recursos del Gobierno Regional, en el que trabajaron al menos 27 personas.

Si de resiliencia se trata, se puede citar la experiencia del huerto “El Milagro”, en Tahiguaty, Villa Montes, un pequeño oasis pese a la sequía de la zona.

El huerto dispone de un sistema de riego y acompañamiento técnico de ACLO y Nativa, así producen sus propios alimentos.

Esta temporada están en receso, debido a que se encuentran en construcción de viviendas, pero mantienen la limpieza y desmalezado.

Robert Durán tiene 21 años y se dedica con su familia a la producción en el huerto, donde aplican los saberes y la revalorización de su cultura.

“Para mí, como joven, es de gran utilidad, nos vamos formando en trabajo, liderazgo y recuperación de usos y costumbres”, indicó.

Mujeres productoras


Una de las experiencias productivas destacadas es la del huerto colectivo en Timboy Tiguasu, distante a 40 minutos de la ciudad de Yacuiba, que es liderado por mujeres.

Rosabel Villalba, presidenta del huerto comunal, recordó el inicio de los trabajos con apoyo del Cerdet y de las instituciones regionales.

Antes, para llevar agua al terreno, lo hacían con baldes y galones desde una represa, luego recibieron tanques y sistema de riego.

“Se sufre por el tema de agua, tenemos ayuda para recipientes, pero no es suficiente, bombeamos de la represa al tanque para almacenar en tiempos de sequía”, comentó.

Si bien producen para el consumo, el excedente no se puede comercializar debido a la gran distancia, ya que no hay un mercado cercano a la comunidad.

“Sembramos cebolla, acelga, lechuga, remolacha, ahora vamos a colocar maíz choclero”, detalló.

El grupo de trabajo está compuesto por 16 mujeres, también cuentan con huertos familiares de 5×5 metros. En la zona hay quienes producen a mayor escala en terrenos que superan las tres hectáreas.

A unos 20 minutos de Villa Montes en pie de monte, se encuentra Tarairí, comunidad que se caracteriza por la producción de cítricos y hortalizas. Doña Sofía Segobia, del directorio de la Asociación de Mujeres Productoras, habló sobre los proyectos que gestionan para sus beneficiarias.

“Por el momento, sembramos, yuca, poroto, maíz y cítricos, hay problemas por la sequía, las lluvias fueron muy tarde”, comentó.

En sus terrenos cuentan con riego a goteo. Esperan que se concrete un proyecto desde el nivel nacional con la dotación de plantines de cítricos.

En lo que respecta a terrenos, Segobia apunta a una distribución desigual. “Los guaraníes tenemos una hectárea, los criollos hasta cinco, los terrenos tienen titulación de comunidad campesina”.

La agricultura es la principal fuente de ingresos, la escasez de trabajo en ocasiones provoca que los más jóvenes migren a otros departamentos. Los programas temporales de empleo de la Alcaldía de Villa Montes y Gobierno Regional tienen cupos limitados y sólo 15 días de duración.

La señora Sofía es nutricionista y técnico en Enfermería, pero se dedica a la agricultura y a las actividades de su organización.

“Yo apoyo a mi grupo y familia, nuestra líder es una persona mayor, con mi conocimiento ayudo en la gestión de proyectos”, declaró.

Petición de la comunidad Chimeo


En la comunidad Chimeo, municipio de Villa Montes, algunas familias requieren del apoyo de maquinarias para la siembra. Por estos días el factor agua es limitante, la presa Caiguami- Chimeo no abastece para la zona, un gran porcentaje se destina a barrios de la zona urbana.

La presidenta de la Asociación de Regantes de Chimeo, Esther Alcoba, puntualizó que se limitan al uso de tres hectáreas para riego, ya que a partir de octubre baja el nivel de la presa y no logran cubrir para la última temporada de cosecha.

“Todos los años tenemos problemas, perdemos el caudal que tiene dos millones de metros cúbicos y un millón se lleva la EPSA (Entidad Prestadora de Servicios de Agua Potable) para Villa Montes”, describió.

En el lugar permanecen al menos 180 familias, entre guaraníes y criollos. Además del problema de disminución de agua para riego, piden el mantenimiento de accesos y caminos para que se facilite el traslado de la producción a los mercados, aseguró la pobladora Mariana Villarroel.

Los modelos productivos de la cultura guaraní en el Gran Chaco enseñan el trabajo mancomunado, la resiliencia; labrar la tierra es su esencia, aun más su preservación.

Destacados